jueves, 3 de noviembre de 2011

Etéreo

Soñé en el silencio de tus palabras,
soñé en la quietud de tus ojos de negro intenso;
soñé que me soñabas,
y en tu mirada descubrí que querías hacerlo.

Soñé que en profundo silencio me mirabas
y que con un mohín de tu boca me invitaste al silencio,
mas en el rumor de la bruma pude oír unas palabras
que entre la oscuridad y la quietud me decían -ven y dame un beso-.

Por un instante el mundo dejó de ser inmenso,
a la deriva, mi voluntad se quebró,
la profunda y oscura noche me llevó
a perderme en el brillo de tus ojos negros;
y en el silencio nos encontramos frente a frente,
como quien se encuentra con un inevitable destino,
tan cerca de ti que me llené de tu olor y de repente
no importó más la razón o el desatino.

Soñé con el ímpetu de mi atrevido corazón,
soñé besando una y otra vez tu cuerpo,
soñé que perdía la razón
embriagado en la pasión de mis locos sueños.

soñé en el silencio de tus palabras,
soñé perdido en el brillo de tus ojos negros;
soñé que me buscabas,
para besar, una vez más, mis besos.

Nada más del sueño recuerdo,
y no me puedo explicar
por qué al despertar
en mí puedo conservar
aun… el olor de tu cuerpo.

Mateo Cribidores